domingo, 24 de mayo de 2009

El emporio Murakami


El emporio Murakami

El artista japonés abraza el comercio como una faceta más de su arte, producido por su empresa de 300 trabajadores. El próximo martes abre su muestrNadie espera que Armani haya cosido un traje que lleva su nombre, y si esto es así, ¿por qué un artista debería estar mezclando colores y moviendo cuadros, en vez de dejarlo todo en manos de sus ayudantes? Esto es lo que se preguntaba Takashi Murakami (Tokio, 1962), que a partir del próximo martes, 17 de febrero, expondrá 90 obras de pintura, escultura, diseño industrial, animación y, cómo no, moda en el museo Guggenheim de Bilbao. La respuesta la halló en empresas como la de Armani, y siguiendo su ejemplo montó la suya propia -KaiKai Kiki-, en la que hoy trabajan 160 personas más otras 140 a tiempo parcial, distribuidas entre las factorías de Nueva York y Japón.
La compañía produce el arte de Murakami -él aporta ideas y supervisa el proceso-, además de figuritas de vinilo, peluches, camisetas, carteles y otros objetos, que estarán representados en la muestra de Bilbao, titulada "@Murakami". El artista japonés se explica así: «Necesitas una organización competente para sacar adelante y con calidad, todo el trabajo, desde las peticiones de entrevistas a las obras de arte», que llevan su firma, o su logo, como los nikis de los diseñadores. «Cuando sale al mercado, la ropa lleva el nombre del modisto. Aquí es igual. La gente del arte no está todavía acostumbrada a este modo de trabajar, pero pronto se acostumbrará», vaticina el japonés, que en este sentido comparte el método con uno de los artistas contemporáneos más valorados por el mercado, Damien Hirst.
Ámbito sagrado De hecho, una de sus más famosas creaciones son los bolsos que ha diseñado para Louis Vuitton y una de sus primeras obras conocidas consistió en la creación de una marca ficticia "Takashi", en la que se apropia del logo de una compañía japonesa y lo modifica con su nombre propio, al que añade el siguiente eslogan: "Primeros en calidad en todo el mundo". El "merchandising" llega para Murakami al rango de las bellas artes. «En el mundo occidental, el arte pertenece a lo sagrado. Pero en el oriental, el comercio también entra dentro del mismo ámbito», alega el artista.
Es el nuevo Andy Warhol y a él le agrada que le comparen con el creador de las "marilynes", producidas en serie en la Factory, un taller en el que el artista dejaba también el peso del trabajo a sus colaboradores. No obstante, Murakami marca sus distancias. «Ambos tenemos una influencia muy evidente de la cultura popular. Pero en la Factory había jóvenes drogadictos y Warhol trataba de aprovechar lo que surgiera de ese ambiente, de las drogas y de la fiesta, mientras que las personas de KaiKai Kiki han estado delante de un ordenador desde muy pequeños».
Como muchos empleados suyos, Murakami se pasa buena parte de su jornada laboral buscando información en Internet y usando el "messenger" y el correo electrónico. «La inspiración me viene cuando estoy conectado, como si fuera una descarga de dopamina». El artista también toma las imágenes de los dibujos animados ("anime", en japonés) y del cómic manga, para él representativos de la vida cotidiana en Japón. Ambas formas de expresión tienen su ori gen en el el "otaku", en los jóvenes recluidos en sus casas, obsesionados por esta clase de productos culturales. Del pop y del "otaku" viene el estilo propio de Mukarami, el "poku".
Dinero y crisis «Los japoneses pensamos que la alta cultura son los museos y los libros, aunque no tenemos una idea precisa de lo alto y de lo bajo, y yo tiendo a mezclarlo todo», ex plica Murakami.
Como para Warhol, el dinero es muy importante para el artista japonés y lo argumenta de una manera irrebatible: «Es mejor tenerlo que no tenerlo», afirma. Pero también sostiene que la crisis económica va a propiciar una coyuntura llena de oportunidades para los artistas jóvenes, porque su arte es más accesible para el bolsillo. «Cuando yo empecé, había crisis, y me vino muy bien. También va a afectar a los artistas con más trayectoria, ya que cuando tienes mucho dinero tiendes a hacer obras espectaculares, y cuando no tienes tanto te centras en aspectos más conceptuales».
Murakami no sólo es Murakami. Su personalidad se proyecta en diversos avatares, muñecos como Mr. DOB, inspirado en el popular personaje de cómic Doraemon, a los que se suman Inochi, Mr. Pointy, Tan Tan Bo y Oval. Es su forma de «presentarse al mundo occidental», un aspecto clave en su obra, ya que uno de los motivos de su actividad consiste en servir como medio de entendimiento entre Oriente y Occidente.
El de Murakami es un mundo feliz, lleno de coloridos animales, globos pintados, setas con el sombrero dibujado, esculturas de chicas con minifalda y cara ingenua, aunque a veces también se cuele algún monstruo. El artista insistió ayer en que la muestra está pensada para espectadores a partir de los diez años, y sugirió que la mejor manera de verla es en compañía de un niño, porque van a ver «cosas bonitas».
Las razones por las que el artista ha optado por "la felicidad" son sin embargo oscuras. Murakami vio en su infancia el cuadro de Goya "Saturno devorando a su hijo", y en su obra ha tratado de alejarse del horror goyesco. El "Puppy" de Jeff Koons y las esculturas de Richard Serra son sus atracciones favoritas en el Guggenheim. Pero ayer se quedó muy impresionado con el servicio de limpieza y con su empeño de llegar a la «perfección». Le encantan las organizaciones que hacen bien su trabajo y él, con la suya, no pretende otra cosa.a en el Guggenheim

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